De un artículo publicado en el periódico colombiano Colpresa,una amiga colombiana me envió el siguiente artículo:
En un 80 por ciento aumentó el abandono de niños en lo que va del año.
Antioquia y Cundinamarca, los departamentos más críticos.

Por
Marcela Ulloa Beltrán
Colprensa, Bogotá

En pocos días Robertico abandonará su cuna en el hogar sustituto del Barrio Centenario. Pero será un abandono sin dolor y con mucho amor.

En este modesto lugar pasó su primer año en compañía de otros niños sin padres ni identidad. Hoy, viste camisas de algodón bordadas, medias finas y un gorro que cubre sus mechones rubios. Una parte de lo que será su nueva vida en Europa, en el hogar de los Akerman Schultz*.

Robertico es un niño despierto y tiene una voz potente. El sonido de su llanto es tan fuerte que logró en junio del año pasado atraer la atención de las personas que a las 11:00 de la mañana pasaban por un caño que bordea el barrio Quiroga, al sur de la capital.

Allí, junto a las malolientes aguas y las ratas de alcantarilla, su madre, una joven de unos 15 años, decidió abandonarlo tal como se lo entregaron donde dio a luz: desnudo y envuelto en una cobija rosada.

Casos por montón
El caso de Robertico es uno entre miles, pues en el último año el número de madres y padres que decidieron abandonar a sus hijos creció un 80 por ciento.

El más reciente informe del Ministerio de Protección Social y la dirección general del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar señala que en el año 2003, cerca de 150 niños fueron abandonados; en el 2004, 328 y este año la cifra amenaza con duplicarse, toda vez que en los seis primeros meses el número de casos llegó a 316.

Para evitar el reproche de la comunidad o la responsabilidad de la crianza, los progenitores utilizan de manera más frecuente las calles desoladas, potreros, basureros y caños para abandonar a los niños llamados "expósitos". A otros, que son dejados en hospitales, iglesias, hogares infantiles y conventos se les conoce como los "abandonados".

Un caso similar al de Robertico se presentó el pasado viernes en el Barrio Ciudad Berna, al sur de Bogotá. La patrulla de vigilancia del comando de Policía de esta localidad, que a esa hora hacía el recorrido de rutina escuchó el llanto de un niño y cuando inspeccionó encontró una bolsa negra cerrada.

En su interior estaba una bebe de dos días de nacida. La niña fue trasladada de urgencia al hospital Santa Clara de ese sector donde se recupera de una pulmonía.

Los niños recién nacidos que son sometidos al abandono apenas permanecen en los brazos de su mamá un día, otros ni siquiera logran llegar a los siete años antes de ser desprendidos a la fuerza de sus hogares, y, según las fuentes consultadas, muchos de ellos tienen malformaciones o sufren síndrome de Down.

Las mujeres que deciden renunciar a sus hijos son aquellas que han sido víctimas de una violación, que viven en la pobreza, en la drogadicción, que crecieron en hogares destruidos, o que, simplemente, no están interesadas en ser madres por su corta edad o por temor a ser señaladas por la comunidad o lanzadas a la calle por sus padres, asegura la sicóloga de familia Gloria Patricia Martínez.

En su mayoría, se trata de adolescentes entre 12 y 18 años que aún son estudiantes de bachillerato o mujeres entre los 18 y 40 años que han sido abandonadas por el padre del hijo que esperan, o que viven en la indigencia.

Amparo* es una de ellas. Fue habitante del puente de la avenida El Dorado con 68, vía principal del occidente de Bogotá, junto a su esposo y sus tres hijos de 5, 3 y seis meses. Sus pequeños crecieron en medio de la desnutrición y de las sobras que les daban los vecinos del sector.

En diciembre, cuando se acercaba la época de Navidad, Amparo decidió dejar en manos de Bienestar Familiar a sus hijos. "Estaba cansada de verlos aguantar hambre, de comer polvo y de que fueran mirados con prevención por las personas que pasan por debajo del puente casi corriendo", relató la delegada del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, Marta Arenas.

La especialista también atribuye el abandono de niños a la destrucción de hogares.

"El fenómeno está relacionado con el cambio de valores en las familias modernas. El mundo de ahora quebranta las relaciones familiares y por ello los jóvenes buscan en sus parejas el afecto que no hallaron en su hogar. Hoy los adolescentes están mirando de otra manera la vida, ya no hay tanta represión con la sexualidad lo que conduce a más embarazos".

Arenas sostiene que la idea de regalar a los hijos no surge de un momento a otro. Es algo que se planea desde que se enteran de su embarazo. "Estas mujeres toman la decisión de abandonar a sus niños desde el mismo momento en que se enteran de que no tienen la posibilidad de abortar por su avanzado estado; lo ocultan los nueve meses y la red familiar no tiene la posibilidad de saber que existe ese niño, algunas de ellas aprovechan su parto para abandonarlos en los hospitales, en estos lugares ha aumentado la desprotección de los niños", explicó.

La defensora de Familia dice que hay territorios menos expuestos al abandono de niños porque aún existe la unión familiar. "A diferencia de Bogotá, en regiones más pequeñas como es el caso de un municipio, los padres están pendientes del desarrollo de sus hijos e incluso de los cambios físicos en el caso de las mujeres".

Violencia, otra causa
Para la sicóloga Gloria Patricia Martínez, el desplazamiento es otra de las causas de "abandonos" y "expósitos".

"Este fenómeno tiene que ver con el desplazamiento de personas que abandonaron sus tierras por cuenta de la violencia. Esto produce hacinamiento y, por ende, más embarazos. Estas mujeres ven que no son capaces de hacerse cargo de un hijo más y prefieren dejarlos abandonados antes que verlos morir de hambre".

La patrullera de Policía Doris Henao, no olvida la cara de terror de los ocho niños indígenas que por más de dos años permanecieron bajo llave en un cambuche maloliente y atestado de ratas en el sector Los Mártires, al sur de Bogotá, mientras sus padres reciclaban cartón en el sector del Cartucho.

Con el dolor de madre recuerda que el mayor de ellos no alcanzaba los ocho años y el menor tenía diez meses.

"Sus cuerpos estaban brotados, las ratas llegaban hasta su cama, todos ellos dormían en un colchón doble que estaba tendido en el piso".

Los niños estaban desnudos, no habían comido en tres días y los granos de arroz que habían tirado al piso se los habían arrebatado los roedores.

"Al abrir la puerta, la luz les dio directo a su cara y reaccionaron como fieras, no permitían que nadie se acercará", relata.

Días más tarde los menores fueron declarados en abandono y ahora están en proceso de adopción.

Según la Policía Nacional, el número de niños indígenas que son abandonados por causa del desplazamiento va en aumento cada año, no hay cifras precisas, pero asegura que más del 20 por ciento pertenecen a estas comunidades.

En busca de un hogar
Teresita Cardona Cañaveral, directora de la seccional Risaralda del Bienestar Familiar, señala que la falta de dedicación y cariño hacia los niños, su permanencia en la calle en ausencia de sus padres y el encierro, son otras de las clases de abandono a las que son sometidos los menores de edad.

En muchos casos, según Teresita, los padres dejan a los menores de edad al cuidado de abuelos, tíos, hermanos y conocidos, para poder viajar al exterior, recibir mayores ingresos y desde allí enviar dinero para su sostenimiento.

Los niños que son desamparados en sitios públicos o abandonados por descuido paternal, reciben asistencia en nutrición, trabajo social y siquiatría. Este equipo técnico hace un diagnóstico para determinar si se debe enviar a un hogar sustituto, a un centro de emergencia o a uno de protección especializada, mientras que se encuentran a sus padres o se inicia el trámite de adopción.

En el caso de los niños expósitos, los trámites de adopción no se pueden iniciar hasta que se publique en los medios de comunicación una foto del menor, esto si los padres se arrepienten de haberlo abandonado y deciden recuperarlo.

"Si transcurridos 20 días de la publicación no se presenta nadie a reclamar el niño, el Defensor de Familia le da un nombre y lo envía a Medicina Legal para establecer su edad y la fecha de su nacimiento", explicó la delegada del ICBF, Marta Arenas.

Mientras Robertico viaja a Europa, Juanito, Nicolás y Rubén, sus compañeros de cuna, esperan la llegada de una familia que esté dispuesta a abrir su hogar para brindarles lo que el abandono les negó.